Bajo el hielo de Eisriesenwelt

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Una cueva de hielo, viento gélido, un funicular que atraviesa un mar de nubes, 1.400 escalones, una pequeña lámpara de carburo y unas vistas indescriptibles durante la dura ascensión, es lo que nos ofrece esta visita guiada. Esfuerzo, sacrificio, dureza disfrazada de belleza en estado puro. Una visita no recomendada para todos los públicos, pero aquellos que se animen a realizarla, descubrirán un paisaje abrumador. De hecho, no debemos perder de vista que estamos hablando del glaciar subterráneo más grande del mundo.

A tener en cuenta

La entrada a las Cuevas de Hielo de Eisriesenwelt cuesta 19 euros por persona, e incluye la entrada a la cueva y el viaje en funicular. También se pueden comprar entradas sólo para el funicular, o únicamente para visitar las cuevas. En este precio no está incluido el viaje en autobús desde Werfen.

Las cuevas sólo pueden visitarse entre Mayo y el 28 de Octubre, de 09.00 a 15.30, y hasta las 16.30 horas los meses de julio y agosto. Se  recomienda visitarla temprano para evitar  aglomeraciones. GPS: N 47° 30′ 10″ / E 13° 11′ 23″

Un poco de historia

En Octubre de 1879, el alpinista y espeleólogo Antón von Posslt fue la primera persona en entrar a la cueva. Hasta entonces, solo era conocida por los cazadores de la zona. Apenas fueron 200 metros los que pudo acceder, ya que la inclinación del hielo le impidió seguir. Aún se puede ver la cruz negra que dejo marcada en una roca. Pero no fue hasta pasados algunos años, concretamente en el año 1912, cuando el joven espeleólogo austriaco Alexander Von Mörk, empezó a explorar la cueva de manera continua. Lógicamente, lo normal para aquella época y debido a la falta de equipo y de técnicas de progresión en el hielo, era que las expediciones no pudieran avanzar cuando se encontraban con puntos donde el hielo era vertical. Para que os hagáis una idea, la única forma de avanzar cuando se encontraban con paredes de este tipo, era excavar peldaños en el propio hielo.

En Septiembre de 1920 la cueva fue oficialmente abierta al público y los periódicos nacionales de la época se hacían eco del hecho. Lógicamente, la forma de acceder a la cueva es distinta a la de hace noventa años, pero sigue manteniendo todo el encanto de los lugares que, por recónditos, cuesta llegar hasta ellos.

Cuevas de Eisriesenwelt

La cueva

Enclavada en un macizo calcáreo y oculta dentro de la cordillera Tennengebirge, en la población de Werfen,  Eisriesenwelt o Gigante de Hielo es un sistema de cuevas de más de 40 kilómetros de longitud, que es poseedora de un fenómeno natural único: la parte inferior de la cueva es enfriada por el paso del viento frío en invierno y, gota a gota, el agua del deshielo se va congelando en una acción milagrosa, que va formando gigantescas figuras de hielo que sorprenderán al más intrépido viajero.

El espectáculo no sólo está en el interior de la cueva, ya que los grandes senderos por los que discurre la ascensión a la misma, no dejaran indiferente a nadie, pues un entramado de túneles excavados en la roca irán dibujando un recorrido no apto para cardíacos. El esfuerzo se recompensa a cada paso con una estampa de blancas rocas, que ascienden progresivamente hasta la pequeña abertura que es su entrada natural.

Preparados, listos… “Ya”

Comenzaremos nuestra visita en el parking situado junto al río Salzach, en la población de Werfen. Desde este punto tendremos varias opciones a seguir: La primera será dejar la autocaravana y subir hasta el parking de las cuevas en el autobús que sale del mismo aparcamiento en el que nos encontramos, teniendo en cuenta que el precio de este es de 5,80 € por persona, un precio algo caro pero recomendable para los autocaravanistas, pues la carretera que lleva hasta el siguiente aparcamiento es  estrecha y muy congestionada; La segunda opción es realizar la ascensión hasta este segundo parking a pie, pero teniendo en cuenta que la carretera tiene un desnivel importante, y que después obligatoriamente tendremos que realizar parte de la ascensión caminando, es preferible reservar las fuerzas para más adelante.

Una vez decidido como realizar el primer recorrido, llegaremos a las taquillas de la cueva. Desde allí hay unos veinte minutos a buen paso hasta el pie del funicular, que en apenas tres minutos nos llevara a medio camino de la cima. Al bajar del mismo se tienen unas vistas panorámicas impresionantes. Si preferís hacer todo el recorrido a pie existe un sendero alternativo que en una hora y media nos permitirá llegar a la cueva, pero cuidado pues tiene tramos complicados y a mucha altura, con lo que conviene ir preparados.

Y seguimos ascendiendo…

Unas vistas fantásticas nos recibirán en nuestra ascensión en funicular, pero no penséis que ya hemos llegado a nuestro destino, porque todavía nos quedará otra medía hora de fuerte subida, hasta conseguir vislumbrar la entrada de la cueva.

La entrada se encuentra a 1.640 metros sobre el nivel del mar, y la cueva se extiende varios kilómetros por el interior de la montaña. Con nuestro corazón latiendo fuertemente, habrá que hacer una pequeña parada para buscar alguna prenda de abrigo, pues en el interior de la cueva hace bastante frío, unos cero grados incluso en verano.

Una vez situados, la puerta de la cueva aparece cerrada, pues durante los meses de verano permanece así para mantener constante su temperatura. Un instante después, la puerta de la cueva se abrirá y nuestro guía nos dará una pequeña lámpara de carburo, como las que utilizaban antiguamente los mineros, pues la cueva no dispone de luz eléctrica. La visita guiada se realiza en varios idiomas, pero no en castellano, con lo cual nos tendremos que conformar con la pequeña información que nos entregará el guía antes de entrar a la cueva, en la cual se explica el proceso de formación de estas cuevas y su desarrollo, así como su descubrimiento y el uso que se le viene dando desde entonces, como espectáculos y conciertos.

En las entrañas de Eisriesenwelt   

Una vez abierta la puerta que nos guiará al interior de sus entrañas, habrá que sujetar con fuerza gorros, gafas, o cualquier otro accesorio que pueda salir despedido de nuestro cuerpo, pues un fuerte viento, con rachas que pueden llegar a los 100 kilómetros hora, nos dará la bienvenida.

La cueva tiene 42 kilómetros de largo, de los cuales únicamente se puede visitar el primer kilómetro, concretamente la parte que tiene hielo. La visita dura aproximadamente una hora y media. Una vez en el interior de la cueva tendremos que sortear 1.400 escalones, setecientos de subida y otros setecientos de bajada, con lo cual respirar hondo e intentar dosificar las pocas fuerzas que aún nos quedan, para poder disfrutar de esta gran visita.

La visita transcurre sobre una pasarela, en ocasiones de acero y otras veces de madera. La primera sala es inmensa, con un techo de 40 metros de altura, por 30 de ancho y 60 de largo, y una inclinación del hielo de un cuarenta por ciento. En medio de esta sala hay una columna de hielo de seis metros de diámetro llamada la Torre de Anton Posselt.  En la parte izquierda de la misma, encontráremos otro bloque enorme. Con esta primera visión se entiende perfectamente que, durante años, no fuera posible explorar la cueva.

 

La parte superior de la misma es la más larga, con 300 escalones, en una subida endiablada que deja sin aliento. Proseguimos el recorrido en el vestido de Frigga, otra de las fantásticas formaciones de esta grandiosa cueva. Esta se formó en el año 1930, y se le dio el nombre de F Frigga debido a la reina del hielo en las leyendas nórdicas. Desde este punto, la visita cada vez es más interesante, pues encontráremos estalactitas, estalagmitas, coladas, órganos, en un desenfreno de hielo que nos rodeará por todas partes.

Lo más peculiar de esta cueva es que cada año es diferente, pues las formaciones van cambiando poco a poco debido a que el agua se filtra y se transforma en hielo, y no siempre entra por los mismos lugares y en la misma proporción, lo que ofrece al visitante un espectáculo diferente en cada visita.

Seguimos subiendo escaleras que nos llevarán hasta las formaciones del Castillo de Hymmir o la impresionante Catedral de Alexander Von Mörk, a cuarenta metros de altura, que debe su nombre al primer explorador de las cuevas, fallecido a la edad de 27 años durante el transcurso de la I Guerra Mundial.

La visita continua su recorrido y nos conduce hacia la entrada principal mediante un tubo de hielo y otros setecientos escalones, hasta llegar al Glaciar de Hielo, una pared con líneas de distintos colores, que hablan de la antigüedad de este glaciar, pues al igual que los árboles nos hablan de su edad a través de sus anillos, en el caso del hielo cada línea pertenece a un año de su historia. De hecho, el hielo de más antigüedad que podemos encontrar en el interior de la cueva, es de hace más de mil años.

Terminamos la visita después de subir y bajar los 1.400 escalones, cansados pero con la certeza de haber estado en un lugar de singular belleza, y regresando a la luz del día, para reencontrarnos con el cálido sol que nos servirá de reconstituyente para nuestros ateridos cuerpos, un sol que caminará de regreso con nosotros, e insuflará en cada músculo, la energía suficiente para finalizar una visita evocadora y contundente al mismo tiempo.

Parking situado junto al río Salzach, en la población de Werfen. GPS:  N 47º 28′ 34″ / E 13º 11′ 36″ .

  • Precio autobús: 5,80 €/ persona

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